viernes, 22 de julio de 2011

LO DEJO A TU CRITERIO



LA FOTO:

Anúbis: Dios Egipcio.

El dios perro o chacal. Dios de la Medicina, era el guardián de las necrópolis, encargado de velar los ataúdes, e introducir las almas en el otro mundo, acompañándolas hasta Osiris, para el Juício, donde se quedaba presente en todo el proceso de momificación.
Los sacerdotes embalsamadores lo tenían como patrono y cuando realizaban el ritual de momificación, se ponían una mascara de chacal, adoptando el papel de dios.
En el primer capítulo de “LO DEJO A TU CRITERIO” nos adentraremos en nuestra convivencia, analizando desde distintos ángulos los hechos y personajes que nos son influyentes, o casi…


Los perros del Doctor Hagopián.
Parte uno:
DE DIOSES Y PERROS. ¿El quiebre de una vida de coherencia?

Quién podría haber imaginado hace unos diez años, que el Doctor Hagopián tendría una jauría de perros habitando en su garaje, cuya puerta permanentemente entreabierta, está cuidada por los canes bizarros, aunque el viaje o duerma.
Esos lobos, perros salvajes de la calle, que gruñen marcando su lugar a quién sea y cuando quieren, son los encargados de la seguridad de Hagopián, indirectamente claro, ya que en verdad ellos se sienten dueños de esa casa, con Hagopián circunstancialmente como residente.
Pensemos que hace diez años, seguramente y argumentándonos con su personalidad cotidiana, Hagopián, y cuando digo Hagopián me refiero al clan Hagopián donde caben además de otras personas, sus variadas participaciones como personaje principal nada menos que en la medicina, y la catolicidad, mucho más populosa en ésa época, nos dan como resultados posibles al procedimiento de relacionarse con esos perros callejeros, que ocuparon su cochera; unas dos, tres opciones:
1. Que llamara al municipio para que le “solucionen” el problema (he iba un empleado subcontratado de la delegación y mataba a los perros que molestaban, y a los que le gustaban, los adoptaba) pero él no preguntaba el modo, quería eficacia y eficiencia.

2. Que él mismo convenciera a los perros, que mejor que cuidar su casa, cuidasen la iglesia, y él se encargaría de llevarles de comer todos los días dos veces…

O…

3. Se encarga de eliminar a la mayoría, contratando al mismo que contrata la delegación. Y un par se lleva al campo, para que cuiden a las vacas, o para que no molesten en el mundo al cual Dios dio prioridad y el mando a los humanos, preferentemente de fe, y en lo posible católicos apostólicos romanos, e invocando así con aquel acto cristiano el perdón divino por darle una vida digna a dos sobrevivientes de una raza inferior y victimarios de alma.

El asesino a sueldo siente que: cuanto más mata, más gana, pero que cuanto más mata también más muere. Pero necesita el dinero y otra cosa no sabe hacer. Los domingos va a la Iglesia bien vestido, y se desea la paz con algunos de sus clientes.



En la próxima edición de “Lo dejo a tu criterio” habrá más preguntas hacia el interior de nuestras almas, razonando sobre hechos y/o personajes que han sido referentes en la historia, y a los que por lo mismo, nos urge entender cuál fue su beneficio o su decadencia, ya que nos representan también en parte a nosotros mismos, desde el lado humano.
Nuestra fe no debe ser mezquina o corta, pero sí, definitivamente, sincera, intensa y anárquica como para soportar la relación cotidiana de errores y conflictos que asumo existirán, en la fe que cualquiera elija para creer.

jueves, 20 de enero de 2011

¿Mágia Colorada?

Son las seis de la tarde, se va templando el ambiente que más temprano supo ser un horno, y que por la porfía del Gordo que le echa dos kilos de sal por kilo de carne puesto en la parrilla, y que riega las ensaladas con un chorro grueso que vierte del pico de la caja de 500gms Dos Anclas... por todo eso; a las dos de la tarde cualquiera que haya comido ese asado, lleva tomados entre quince y veinticinco litros de agua, logrando muchos, empacharse con agua; una de las descomposturas peores que experimenta el organismo.
Yo le hice caso a mi viejo y me las aguante a base de chicles y mate amargo, evitando, en lo posible, no fumar esos Jockey cortos que mi tío dejaba en la casilla, tentadores para matar el tiempo y sentirse grande mientras mi viejo dormía la siesta o relevaba a algún maquinista para el mate.
Estábamos en la estancia Santa María, relativamente cerca para volverme sin problemas al pueblo pasando la tardecita, ya que esa noche tenía que jugar un partido impostergable en el gran torneo de Papy fútbol organizado por el Club.
“Yo a las ocho y media me voy sí o sí” Le avisaba encaprichado a mi viejo, que nada había dicho, pero que otros muchachotes lo jodían, y me jodían, con que no me llevara porque estaban complicados y nadie se podía ir temprano. “Vamos a tener que trasladar todo el equipo al lote de la pista en un rato, las máquinas están por terminar el cuadro aquel…” Decía sobreactuando un tolvero de ocasión, empleado de mí tío, a mi viejo, mientras le guiñaba torpemente un ojo.
“No sé, yo me voy sí o sí” Insistí sin bajarle la mirada a mi progenitor, que esta vez habló: “Andáte en el próximo camión que cargue, vas a llegar justo”
Yo soñaba con que me preste la camioneta. Tenía Catorce años, y aunque en el campo era dueño y señor de poder usarla lo que quisiese, no había muchas chances de que esa noche quedaran diez personas para ir en una sola camioneta, los pocos pero poceados kilómetros que había hasta el pueblo, por el hecho incomprensible (para ellos) de que un chico tuviera el capricho de llegar temprano a jugar al Papy.
En fin, la sociedad progresa entre el disenso y la negociación, y traté de ser inteligente y maduro, aceptando irme en el próximo camión que cargáramos. Me iba a sobrar tiempo, inclusive. Claro, si todo salía bien. Pero como reza el dicho ya propio del gremio: “Nunca hay que sacar cuentas de cuando se termina un lote. Se te rompe cualquier boludez… ¿Y?”
Seis y cuarto clavadas y entra a la polvareda por el callejón principal el Fiat azul inconfundible de Tito Pagella. Temprano. Era buena señal. Y para mayor expectativa, tenía tres tolvas llenas para ir cargándole con el chimango.
Las máquinas andaban hechas un relojito. “No paran ni a mear aquellos” Se animaba a decir el Colorado, sin tocar madera, arriesgando ser nombrado “Yeta oficial del campamento” de por vida.
…¡Que temprano me iría a casa! hasta quizá me podía juntar con los chicos un rato antes de ir a jugar…
Descargamos las tres tolvas llenas, serían unos veinte mil kilos. “El viejo” como le decíamos cariñosamente a Pagella, era medio angurrientón para la carga y hasta que no rebalsara el acoplado no salía del campo. Ese gesto, en un día común, era algo que me generaba simpatía: hasta llegué a verlo como un héroe, a él y su camión destartalado pero con el motor más fuerte del mundo, capaz de arrastrar una cosechadora encajada los metros que sean necesarios para remontar al suelo firme. Pero yo me quería ir, y el hombre se iba a quedar el rato que llevase satisfacer a la bestia de dieciocho ruedas y “sobrebaranda”.
“Igual llego bien” Pensaba para tranquilizarme. “Falta mucho” Era otro de los argumentos.
Antes de que lleguen las dos tolvas que yo calculaban sobrarían para llenar el camión, le pregunté a Don Tito si me llevaría. Por supuesto dijo que sí, y enseguida acomodó la cabina para que fuera cómodo sobre un colchón que él usaba en la cucheta.

Llevaba su tiempo descargar las tolvas. No podría precisar con exactitud los minutos, pero seguro alrededor de quince y veinte minutos, según, obviamente, la capacidad de cada una, como también era importante la caída hacia la boquilla que le diera cada estructura. A muchas había que palearlas, más que nada cuando era girasol húmedo. Una porquería.
En una de esas, cuando promediaba la descarga de la primera, me asomé subiendo por la escalera del pecho de acoplado, y allí ratifiqué que alcanzaría bien la carga, y que cuanto mucho, entrarían esas dos completas y nada más. Lo comenté con Pagella, y opinó igual. Me sentía con suerte, y no era de tenerla.
De la alegría que exploraba en ese momento, salía una simpatía exagerada que hacía decir cosas lindas en algún punto, pero falsas en otro sentido. Por ejemplo, abrazar al tipo que quisiste matar durante todo el día, prometerle hacerle pata con una amiga, y cosas por el estilo… parte de la edad también. En este caso yo sólo le dije al Colorado: “Que grande Colo! Dejáme que paleo yo la última tolva, andá a tomar mates…” Y me contestó que no, que estaba podrido de tomar mates, y que se quedaba ahí charlando conmigo. No había sido buen negocio para mí, que sabía bien que aunque haya fallado en una, el Colorado era Mufa y algo iba a arruinar si lo tenía que escuchar…
“¿Te vas con éste viejo?” Preguntó sin titubear.
“Si, me voy con Tito. Voy a ver si llego a jugar. Es temprano” Me apuré a contestar dando mucha información y deseos…
“Si no se encaja allá en la alcantarilla, donde terraplenaron ayer, no se encaja más” Dijo.

¿Por qué tuvo que llamar a la desgracia? ¿No le era más fácil callar ese presentimiento que, si sucedía, se lo iba a cargar a sus espaldas? ¿Por qué el apuro por adivinar las malas primicias?

Se llenó el acoplado con el último grano que largó el chimango. Lo ayudé a tapar a Pagella y salimos en Primera Alta sin pestañear.
Desde la cabina levanté el brazo y el pegué un alarido onomatopéyico, saludando a todos los que se quedaban en el campo, y un poco también, refregándoles que me iba a donde ellos, cansados, ansiaban estar.
“¿Ataste bien la lona donde agarraste vos?” Largó Pagella.
“Si, sí. Até con el moño que les hace usted… o parecido” Le dije, y sonrío.
Luego no hablamos hasta casi la salida del campo, cuando íbamos a cruzar la famosa alcantarilla. Ahí él dijo:
“Acá estaba flojo el piso, me dio la sensación…”
Yo transpiraba una puteada que hubiera dirigido al Colorado.
“… Pero “la vamos” a encarar ligero, y si pasamos, pasamos… Yo creo que sí…” Remató sin esperar devolución alguna.

Sentí alivio cuando dijo que creía que pasaríamos ese tramo. Aunque nunca confié cuando los “grandes” hablaban en plural al momento de tener que sortear favorablemente, y bajo su responsabilidad, algo incierto o complicado.

El chasis pasó bandeando pero firme en su misión. Pero el acoplado se maneó de tal forma que quedó trunco el esfuerzo noble del viejo motor por arrastrarlo. Se había enterrado tanto que, semejante fuerza, sólo logró volcarlo.
A los dos minutos ya estaban todos allí, en el lugar del hecho. Cuando llegaron, el colorado me miró, buscando crédito quizás, por aquello que él había pronosticado. Yo bajé la cabeza y me subí a la camioneta, aferrándome al volante.

Al final me convencí ese día, y comencé a creer en el azar, hasta me volverme totalmente supersticioso.
Me acordé que algunos dicen que es de buena suerte putear a los colorados, y entonces comencé a invertir en mi buena fortuna…

Por otra parte, mi equipo esa noche perdió 3 a 2, dicen que fue un partidazo…
El Colorado había dicho que ganaríamos 5 a 3, y que yo iba a meter tres goles.
No sabía nada…
…Quizá aprendió a cavar con la pala ese día, pues yo me bajé de la camioneta, sólo para fumarme un Jockey Corto que había dejado mi tío en el torpedo.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Ya sé, no me digas "Tenés razón": La vida es una herida Zurda...

Aprovechando el momento Histórico en que nos encontramos, y sumándole la posible concreción de la predicción Maya, y que el 2012 nos encuentre disueltos en polvo, y ni siquiera eso. O muera yo, o vos, o aquel mañana o pasado, tal vez el año que viene o el próximo, sorprendidos con un simple infarto o por un auto a 100Kms por hora o 25kms por minuto, me animo a opinar de política desde la ignorancia técnica sobre el significado verdadero de tan usual y cotidiana palabra, que nos pertenece a todos al igual que otras como Vida, Aire, Amor, Odio, Hambre, Dolor, Muerte, Etcétera (la palabra).
Vivimos en Democracia, es cierto. Todos los sabemos. Pero… ¿Comprendemos cuál es el contenido de dicho término?
Yo trato. Trato desde el sentido común que es mi única formación, y no lo digo con un orgullo presumido; lo resalto por representarme y mostrarme tal cual soy, sin otra influencia que mi propio pensamiento formado de mirar y aprender desde mi única óptica, la realidad que me acecha y nos acecha.
Entonces, según mi información sobre la realidad del país, noto que la democracia va avanzando, evolucionando; con sus beneficios y sus miserias. Eso está muy claro. Pero no es el sistema el que avanza por motus propio: somos nosotros quienes lo empujamos para que marche. Y aún con nuestras peores viejas costumbres humanas como el prejuicio, la intolerancia, el odio, la ambición, la negación y el egoísmo, la marcha es pareja y despareja, pero continua y persistente.
Esta bipolaridad social que permite la democracia en su condición de liberal, se constituye entre los que callan y los que luchan. Los que tienen “hambre” y los que cuidan su comida. Los que están cómodos y los que pretenden no dormirse hasta que todos puedan estarlo.
Hay sectores de la población cuya economía les surte posibilidades concretas de tener una vida cómoda y digna, basada esa tranquilidad en la acumulación de bienes y la previsión metódica del futuro financiero.
Pero también existe parte del pueblo con hambre, hambre de derechos idénticos, hambre de inclusión y oportunidades, hambre de saber, hambre de lo que a otros les sobra.
Claro que la mayor responsabilidad de lograr equidad es del Estado. ¿Y quién es el Estado?
Este proyecto de país que nos gobierna desde 2003, es el que mejor ha representado las formas éticas de la moral de un pueblo, con errores, casos de corrupción y miserias. Como las que tiene la democracia, como las que tenemos todos los seres humanos. Quienes lo niegan, lo hacen desde su propio bolsillo y eso descalifica automáticamente la opinión por insensata, inconexa e hipócrita. Ya que la Democracia se rige por el voto de la mayoría, y puede favorecer sólo a una parte, a la que elija el gobierno de turno: Pueden ser grandes corporaciones, y así salvarse individualmente ellos. O pueden intentar despertar con dignidad a los cuasi cadáveres olvidados desde siempre por los gobiernos y por los que estamos cómodos cenando su desgracia.
Por eso, si éste gobierno, desde 2003 viene robándonos; a mi me gusta obviarlo por ahora y dejarlo para recriminárselos cuando finalice, teniendo en cuenta de cuánto peor nos lo han hecho otros, y prefiriendo unírmeles en el lado positivo, en aquellas políticas que nos devolvieron las ganas de creer en nosotros mismos como seres dignos de compartir el orgullo de pertenecer a una sociedad de mierda, como individualmente estamos hechos, pero solidaria, y sobretodo libre de conceptos y elecciones.

lunes, 25 de octubre de 2010

CRÓNICAS DEL ÁNGEL NEGRO.

“Inspirado” en el libro de Dolina (Crónicas del Ángel Gris), trataré de narrar algunas de las fabulas que nos regala nuestro ser alado, ese que vive en Quiroga, y al que todos llamamos (P…) “El Ángel Negro”.

Capitulo 1.

Tapita jugó en Boca.

Como dice Dolina: la creencia en lo sobrenatural termina siempre siendo abolida por las gestas racionalistas.
Sin embargo, una situación que no merecía discusión alguna, primero por intrascendente y encima evidente, se dispersó como agua de cascada entre los habitúes del club, logrando formar un mar inconmensurablemente inconcebible al que todos querían abordar con sus opiniones.
El tema lo trajo el mismo Tapita, cuando le dijo a Balín, discutiendo sobre quien había obtenido mayores logros deportivos, que él, cuando se estaba retirando del fútbol, fue tentado por Boca de Carlos Casares para jugar un campeonato.
Balín, ya cegado de ira cuando escuchó “Yo jugué…”, interrumpió todo lo que tapita explicó después.
Eso inició el torbellino que se vino luego entre las gentes, cuando escuchaban decir a Balín lo que habría dicho Tapita.
“Mirá si no nos vamos a enterar que el Tapita jugaba en Boca” decían los más racionales.
Como podemos notar en la expresión de aquel vecino, ya no se respetaba la información exacta, y libraba el espectro de la historia a dimensiones infinitas al no mencionar el origen del club, cuyo homónimo no necesita presentación.
Uno de los oficiales de la policía local, frecuentaba el club y obviamente se incrustó en la enredada novela. De hecho, era tal su intriga que citó a declarar a tapita por un caso de robo en un campo vecino, y al tenerlo enfrente, el interrogatorio estaba claramente retocado, y las preguntas eran capciosas, y algunas obvias.
-Dígame, es cierto que usted el día del robo estaba mirando fotos de cuando “jugaba en Boca” (Mientras hacía el gesto de las comillas con los dedos mayor e índice en gancho)-
- Puede ser- Contestaba Tapita con la tranquilidad de llevar la conciencia limpia.
Si Balín, con lo impaciente que es, hubiera asistido a ese interrogatorio, no hubiera dado tantas vueltas. El policía, que no se caracteriza por ser inteligente, disparó dos preguntas mixtas más y abandonó la misión sin éxito.
Se volvía muy colorido el sainete este cuando la hinchada del equipo, los domingos, se dividía: una mitad para vanagloriar a Tapita y la otra, para endiosarlo.
Entonces, la Popular, que estaban con él, cantaba: “Tapita jugó en Boca…” e irónicamente la platea respondía: “En Boca de casares…”. Así los noventa minutos que duraba el partido.
De un día para el otro, no se habló más del tema.
Dice un hombre que sobrevivió a esa época sin meterse en nada, que un día después de almorzar, y mientras en una mesa de café seguían discutiendo el asunto: entró un ángel, El Ángel Negro. Y se llevó sin decir una palabra, todas aquellas miradas en sus alas. Y en esas miradas, por supuesto, se fueron las opiniones sinsentido sobre el equipo que despidió a un grande del fútbol. Del fútbol de la zona. Más precisamente, de la zona de Carlos Casares.

miércoles, 25 de agosto de 2010

TARDE PERO... ¿SsEeGgUuRrOo?

Ahora que termina el día, puedo afirmar que hoy fui el hombre más bueno del mundo.

Lo pienso y me resulta extraño encontrarme analizando mi día como si fuera otra persona; Porque entonces siento que tengo una vida que no es mi vida.

Pero hoy me siento saludable, en paz, cargado de intermitentes alegrías; Y pocas veces me siento así de tolerante, amable, y generoso… y aunque se que soy una buena persona; porque no deseo matar, porque me enternecen los niños y los viejos, porque me alegro cuando a quienes conozco, incluyéndome, les va bien, porque detesto las injusticias. Etc. No desconozco que en muchos días de mi vida, algo me corrompe y me chupa voluntad, hasta dejarme débil y enfermo; cargado de ira: defectuoso, egoísta, insoportable, etc. Y entonces me pregunto: ¿Quién paga los platos rotos de ésta bipolaridad? ¿El bueno? ¿El malo? ¿Cuál es cuál?...

¿Por qué los días me pesan tanto? ¿Por qué si ya sé la respuesta, no la respondo? ¿Por qué intento tocar fondo, como un juego, si sé como mantenerme equilibrado?

¿Por qué me resulta normal jugar la vida? ¿Por qué me duelen tanto los fracasos del azar, y no logro dejarlos: son mi vicio… ¿Por qué me gusta verme y odio como me veo? …

No siento el cuerpo, es mi frustración. Quizá hubieran sido distintas las percepciones mías y las de los demás, si el físico estuviese adaptado. Pero no puedo culpar a la naturaleza, ya que de todos modos éste es un mundo mental, y según las normas de la civilización, debe reinar el intelecto para educar la conciencia. Pero yo no siento mi cuerpo, y mis pensamientos superan esa valla, entonces no encuentro pista donde aterrizar, no puedo materializar satisfactoriamente mis deseos; y eso es frustrante. Y la frustración en el ser humano deriva en la irracionalidad del doble pensamiento: el Bueno y el Malo. El que planea la satisfacción, y el insatisfecho.

Sin embargo, el desencadenante de éste sinceramiento, es el pedido de balance de quien ha tomado una determinación: el que quiere ser Uno sólo: El Bueno.

Y como individuo mundano, reconozco que las cosas comunes que nos provocan las mismas emociones a todos, son tan ciertas como influenciadas. Los clásicos universales dicen de alguna manera la verdad, y por eso perduran. Y es aquí donde me cierra el porqué del cambio rotundo hacia la paz y alegría de vivir; resulta que tuve un episodio que interpreta claramente la esencia de los cuentos de hadas, Príncipes y Princesas, los cuales expresan la idea de no perder las esperanzas, y que el cambio es posible tanto como que lo podés encontrar besando a un sapo. Y así me sucedió: Conozco a cierta persona desde que nací, y sé que tiene sentimientos malos porque envenenaba perros y les pegaba a los chicos que pasaban en bicicleta por su vereda; defendiendo la limpieza de una baldosa, ante la felicidad de un pequeño. Y ahora es tan mayor que necesita la ayuda de todos: diferenciándose de los viejos buenos, que no necesitan pedir ayuda porque siempre hay alguien a su lado. Y esa persona me pidió un mandado, y cuando fui la besé para saludarla: fue el beso más frío que di en mi vida, y el que mejor quise dar. Cuando comencé a lamentar la situación, entendí que había besado al sapo, lo sabía. Lo vi por el lado de que si yo no tenía esas mejillas frías de sentimientos, como las mejillas del sapo, mi cuerpo todavía servía si lograba adaptarlo, si me proponía encontrar una ubicación, un eje que me de equilibrio.

Estoy encantado, tengo nuevas energías, las sombras me vuelven a parecer refugios y no oscuridad.

Y todo por reinterpretar las metáforas de las moralejas que ya todos sabemos.

lunes, 2 de agosto de 2010

CONOCIENDO A NUESTRA GENTE





´
“… Ya se viene, ya se viene, ya se viene. Ya se viene la cumbia de Roldán…”

Jorge Roldán, más conocido como “Rata”, o “Ratochi” tal lo bautizara el Negro Domínguez, vive en Quiroga con la misma trascendencia que el Ceibo de la plaza, o las escuelas todas.
Es una institución orgánica, a la que los Socios son Fieles, ya que entregan en ella, nada más y nada menos que El Alma.


Rata llega a la entrevista que hace días acordamos, algo agitado y sucio. Me dice enseguida que lo disculpe por su aseo, ya que no pudo llegar a su casa luego de trabajar, para no ser impuntual conmigo.
Jorge es además de una persona honesta, un hombre muy limpio y prolijo que se la pasa trabajando, y en los únicos ratos libres toca su música, o duerme.
Tal es su grado de pasión por lo que hace, que ni bien saludó, sin esperar una pregunta formal o cualquier pie periodístico, sacó su acordeón verdulera y me presentó su última cumbia…

“Ya se viene, ya se viene, ya se viene. Ya se viene la cumbia de Roldán…

Jorge, ese me parece que lo había escuchado antes…Ya se viene, ya se viene, ya se viene…”.

No… podés confundirte con alguno, pero este tema lo compuse recién, mientras cortaba el pasto en lo de la Ñata Fuentes…

Me habrá parecido entonces…
Decime. Estás tocando seguido?

Más o menos… Ahora el Petiso Martín no puede venir a ensayar por el tambo, pero yo siempre estoy tocando.

Nunca pensaste en sacar un disco?

Mirá, casualmente el otro día compré la rifa de un lavarropas. Pero con sacar un disco me conformo. Es cierto.

Y grabar algún trabajo tuyo?...

Y… no sé… podría ser cuando pinto… o cuando hago quinta! (risas).

Te gusta tocar en público?

Gracias a Dios tengo el glorioso privilegio de tocar en fiestas, peñas, recitales y cualquier festival que haya en la zona, desde hace añares. Y te puedo asegurar que se me pone la piel de gallina ante la presencia de público, pero eso no me aflauta la voz: me la afina.

... Jorge pide permiso para tomar agua, e inmediatamente logrado el primer sorbo, trae al ambiente, el aire de una nueva cumbia que expira su acordeón…

Esa es “La arañita de Martita”. No?

“… Guarda que te araña; mira que te pica…”


Canta y el clima cálido de Colombia entra por los oídos, y sale por las piernas…

...Este tema lo canté en Obelix, el boliche de 9 de Julio ante dos mil personas, y todos lo coreaban…

…Crea el clima y lo defiende. Decora su idea con tanta miel que ninguna mosca le escaparía jamás…

Qué sentiste al tocar ante tanto público nuevo?

Fue raro al principio. Yo debía salir a un escenario que estaba mucho más alto que la gente, y cuando la verdulera comenzó a sonar, todos prestaron su atención a mi música. Fue mágico... Y allí recordé el lugar de donde vengo. Pensé mucho en mi pueblito de casas bajas, como dice el bello poema de mi paisano C.A.S, luego analicé hasta donde había llegado. Y allí saqué la conclusión de que 120 kilómetros no estaban tan lejos.

Se te ha hecho fama de mujeriego, y varios rumores te inculpan en situaciones comprometedoras con algunas señoritas...

(Risas)

Tu relación con Dios siempre ha sido muy profunda. Parecés ser un hombre de mucha fe… Qué crees que se gana con eso, con la Fe?...

Nunca lo había pensado de esa forma. Y ahora me doy cuenta porqué.
Yo encuentro en la Fe tanto el miedo como el perdón. La felicidad y la angustia. Pero digamos que a todas esas emociones inherentes al ser humano, con la Fe les doy un formato donde puedan convivir en mi personalidad sin causarme, ni causarle a los demás, mayores daños que los esperados.

… Asume la culpa como cualquier buen cristiano, pero este hombre hecho de otra energía, ignora esa mochila inconsciente, poniendo sus sentidos en la música, y sin querer, o queriendo, propone en cada cumbia, un “nuevo testamento”…



Quedaron muchas preguntas por hacerle al Gran Ratochi. La mayoría tienen que ver con lo que ya sabemos, o sospechamos. Pero si algo nos deja el pensamiento del músico, es que esas respuestas dependen de cada uno, sólo hay que expresarlas.

martes, 20 de julio de 2010

No Existe el Día "D"

A mi me pasa que el Día del Amigo, como el Día de la Madre, o del Padre, Navidad, inclusive Cumpleaños, se vuelven situaciones angustiantes en cuanto al trato diferencial que debemos asumir con quienes tenemos ya una relación bastante fluida y consolidada, construida en el acontecer diario, resultado de emociones conjuntas creadoras del vínculo.
Nadie se hace más amigo de otro, en el Día del Amigo, y si ocurriere, sería tan casual como cuando toca enamorarse un once de febrero o un diez de abril.
Por otro lado, debo decir también que creo que no tiene nada de malo festejar el Día del Amigo, ni cualquier otro día. Lo malo es no festejarlo siempre.
Están buenos los abrazos, los mimos, los regalos, la complicidad.
Los amigos son el espejo donde mirarnos desde afuera de nuestra vida “formal”; la del trabajo, la familia. Esa vida que se lleva la mayor parte de nuestro tiempo. Y que no es necesariamente negativa por eso, sino distinta, incomparable.
Los amigos son el descanso de un viaje largo, pero gratificante. Son la luz de la noche, aún cuando la noche estaría bien sin luz. Son un bien necesario. Son lo que reflejamos ser.
Para mí son eso. Pero no me gusta decir feliz día, porque los días no son felices por si solos. Y he visto como algunos sufren la espera de un saludo, sospechando lo peor de quien hasta ese día fue su compinche, pero nunca dijo la frase esperada…
20 de Julio, Día Común. Donde no ha pasado nada. Ni Hombres en la Luna, ni premiación de Amigos, que ya tienen colgada la medalla

lunes, 12 de julio de 2010

El Literal

El literal trabaja en un local de éstos que venden de todo. Desde lavarropas hasta cigarrillos, pasando por anteojos y hasta abrojos que van en las mangas de algunas camperas.
La gente se acerca, y el Literal se ofrece para ayudar:
- Que se le ofrece señora?-
- Quiero saber, querido, cuánto cuesta esa bufanda?- dice una vieja llena de papeles de ofertas de otros locales, pero sin ninguna bolsa que atestigüe alguna compra concreta.
- ¿Cuánto gana usted, señora?- encara El Literal.
- Eso a usted no le incumbe…- Retruca la vieja, y hace el gesto de proteger su cartera.
- Claro que sí, sino no puedo responder a su pregunta.
La vieja piensa hondamente, y al fin accede:
- Esta bien, le voy a decir…- se agazapa y se acerca al oído del Literal… - 900 pesos querido, una miseria-
- Si usted lo dice. Entonces la bufanda le costaría tres días de almuerzo, exactamente un 12% de su ingreso mensual. Y en caso de llevársela corre peligro de que ese individuo que espía por la ventana, de un tirón, la ahorque y se quede con el 88% restante de su salario.
- ¡Pero qué locuras dice! Aparte no traigo todo el dinero encima. Cree que soy estúpida?...
- No importa lo que yo crea. Usted se lo merece.
La vieja da un salto y atropella la cara del Literal con sus uñas largas y ennegrecidas, dejando surcado el cachete derecho de éste.
El Literal se aleja, tranquilamente, y toma del mostrador ubicado a dos metros de distancia, una bufanda blanca, igual a la que la vieja miró al entrar: - Tome, se la regalo- le dijo solemne mientras la invitó a salir del negocio.
La vieja quedó estupefacta con la acción del Literal, y salió con esa misma condición a la calle. Estado que conservó segundos más tarde, cuando el tipo que miraba desde la ventana la ahorcó con la flamante chalina para sacarle los pocos pesos que quedaban en su cartera.

martes, 29 de junio de 2010

BARATTI, EL VENDEDOR DE LIBROS.

Los sábados por la mañana pertenecían a otra parte del mundo exacto que planteaban los grandes, imponiéndonos reglas y horarios para todo.
Esas mañanas de mi niñez estaban protegidas por la energía descontracturada de todos, por ser justamente el momento que trazaba la línea entre las obligaciones, y el descanso.
Y por si hubiera que alimentar de escenarios decorativos a ese estado de calma y meditación, llegaba de vez en mes Baratti, el vendedor de Libros.
Baratti era un hombre que venía desde Buenos Aires en tren, un tipo de mediana gran edad, con algunas canas en las sienes, de prominente calvicie en la franja céntrica del cráneo, en la cual dejaba posar una lonja delgada de pelos que sudados, y escasos, revelaban un tono más oscuro de lo que realmente eran. Cachetes caídos, debido al peso de su ternura, y una amabilidad que se plasmaba en sus gestos. Cordial como indicaban sus manos y su postura. Un hombre que vendía libros como uno vende una ilusión, pero con mayor eficacia.
- No tengo plata este mes Baratti- Decía mi madre.
- No importa eso Adriana, ¿Le dejo esta enciclopedia o le interesa mirar otra?- Le contestaba él.
-Usted viene el mes que viene, verdad Baratti?- Intentaba aceptar con algo de vergüenza mi madre, el crédito honroso que le ofrecía este buen hombre.
- Sí, seguramente antes de las fiestas me voy a dar una vuelta por acá- Decía mientras terminaba el café de siempre.
Los sábados por la mañana no serán jamás un ente trascendental a la sombra que ha dejado Baratti en la formación emocional de mí ser.
Hace tiempo he decidido estar acostado cuando transiten esas horas del sábado mañanero. Prefiero soñar dormido con que Baratti sigue visitando mi casa con su portafolios negro, su traje beige y sus zapatos marrones, regalandonos calidez y ofreciendo los libros más amenos que jamás leí, y que sobre cuyas hojas tampoco puedo asegurar que no tuvieran únicamente impresas estas mágicas palabras: “Baratti, el vendedor de Libros”, que a mí tanto me dicen.

miércoles, 2 de junio de 2010

LA CATAPULTA DE ADOLFO

Cazamos escuerzos. Esa es nuestra profesión y vocación. Lo hacemos sabiendo que nuestros padres, aún habiendo elegido sus trabajos, no están tan conformes con algunas cuestiones que acontecen los mismos, que, muchas veces dependen del clima o factores más crueles como disposiciones del Estado, o mejor dicho, del gobierno de turno.
Nada de esto coarta la constante evolución de nuestra empresa sin fines de lucro. Llevamos atrapados nueve escuerzos de lo que va de primavera, todo un récord en una estación donde los batracios recién comienzan a aparecer.
Adolfo tiene bastante tiempo libre, ya que trabajó duro en invierno, y solo le queda por poner el “chaperío” en las máquinas agrícolas que repara y “cura”, en algunos casos. Es a él a quien le entregamos los escuerzos. No los come ni los cría. Es más: Ni siquiera le provocan algo. Nada.
Adolfo odia los cigarrillos, y si no fuera que conozco un caso, el de mi padre, diría que odia a quienes los fuman. Y los escuerzos fumando representan lo que Adolfo piensa a grandes rasgos: El humo entra al cuerpo hasta que éste explota.
Sin dudas un envenenamiento explícito, que por tal, Adolfo y tantos otros no comprenden el consumo del veneno por parte de seres, supuestamente pensantes, como los escuerzos, humanos.
Fué entonces que Adolfo reprodujo la imagen representativa del horror causado, utilizando una producción digna de alguien cuya dialéctica se expresa lúcidamente en la manufactura. Improvisó una suerte de catapulta donde una tabla de madera larga, posaba sobre el lomo de un tambor de doscientos litros. Acomodó un banco-escalera (que él mismo confeccionó) al lado de la tabla que quedaba apuntando al cielo. Colocó al escuerzo en la otra punta de la madera, que apoyaba en el suelo, puso un cigarrillo encendido en la boca del reptil, hasta que éste comenzó a hincharse debido a la imposibilidad de expulsar el humo tragado.
Corrió a subirse al banco-escalera que antes había acomodado y saltó nomás sobre la tabla justo cuando el escuerzo se salía de su envoltura de piel gruesa y asquerosa. Y a siete u ocho metros de altura el escuerzo explotó cual “cañita voladora” que muchos arrojan en las fiestas.

Algunos ya sospechaban que Tijereta trabajaba para Greenpeace, la mayoría creía que cazaba pajaritos. Y fue él quien denunció a Adolfo por matanza indiscriminada de escuerzos, agravada por ser una especie en serio peligro de extinción.
Ahora Adolfo pasa sus últimas horas fumando un cigarrillo tras otro en la solitaria celda donde lo alojaron.
Nosotros, los cazadores de escuerzos, sufrimos una pena simbólica que nos acompañará por el resto de nuestras vidas. Tendremos que trabajar de cosas que nunca elegiríamos primeras.
Con respecto a los escuerzos, es cierto que han desaparecido en gran medida. Sin embargo, en la ciudad de Carlos Casares, se han visto varios ejemplares, y sobre ellos sí se puede afirmar, que siguen siendo escuerzos.